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Sábado 16 de Diciembre de 2017

AMY

03.10.2017

Por Luis Vivori

 

La historia de la maravillosa cantante Amy Winehouse contada aquí, parece querer apropiarse de aquella frivolidad y vacío que rodean a una celebrity para explicar las razones del deceso de la artista. Víctima directa de la incomprensión de un entorno y una fauna, la del mundo del espectáculo, que no tiene tiempo para atender almas en pena, Winehouse se fue de nosotros demasiado pronto. Así lo relata y explica Amy, producción británica del 2015 dirigida por Asif Kapadia.

Las biografías de personas célebres, más allá de los méritos o deméritos que las llevaron a ocupar ese lugar, han encontrado en el género documental un sitio para desarrollarse a su antojo. Aunque con despareja fortuna, siempre resultó interesante conocer los detalles de la vida de un famoso bajo la aureola de realismo que suele brindar este tipo de género. Pasar de la palabra escrita al fascinante mundo de las imágenes y los sonidos, por otro lado, incorpora un morbo apetitoso que cuenta con una fila de comensales listos y dispuestos para la ingesta. Ni hablar si lo escabroso viene condimentado con un poco de sexo, drogas y rock & roll. Amy, producción británica de 2015, podría encajar perfectamente dentro de todos estos parámetros.

Con un material audiovisual casero, propiedad de la cantante y muchas entrevistas de archivo que incluyen a buena parte de su entorno, el documental de Asif Kapadia recorre los mojones de una vida intensa, la de Amy. Así conocemos cómo cantaba con sus padres standards del jazz desde muy pequeña. Tony Bennet, Sarah Vaughan, entre ellos, inspiraron a la cantante en ciernes. Vemos a la Amy pequeña, a la Amy pre adolescente, a sus padres y percibimos el trauma que aparece cuando éstos se separan.

Ya en sus 19, Amy afronta la primera prueba de fuego en el camino por probar su talento. Con guitarra acústica en mano y un look casual, visita las oficinas de Island Records. Despojada de todo artificio, la aspirante a artista profesional no les deja dudas a los productores. A los que estamos viendo y sobre todo escuchando, tampoco. El camino a los mejores escenarios de la música luce allanado. Así es como pronto llegan las entrevistas y la venta masiva de su primer disco. También la primera profecía: “Si llego a ser una estrella pienso que  enloquecería”.

 

 

El camino de ascenso trae diversas consecuencias, de las buenas y de las malas. Entre las últimas, se encuentran los primeros contactos con drogas antidepresivas o una bulimia incipiente. Mientras, siguen las notas: diarios, tele, radio. Y una primera visita a un lugar de rehabilitación para adictos. Su entorno más íntimo ya divisiva la vulnerabilidad de la cantante. Y la muerte de su abuela Cynthia, devastador, la pronuncia. Tal vez como resultado de la ausencia, escribe y edita uno de sus grandes éxitos: “Rehab”. Otra profecía. Con él recibe el premio a mejor artista británica. El éxito masivo la rodea y empieza a habitar en los clásicos reductos de los famosos, los talk shows americanos. Llega el casamiento, con Blake Fielder y también la heroína y el crack. A esa altura, la locura de los flashes, salvajes, la acompañan en cada movimiento y la aturden. Había que parar, de sola verla se comprendía. La primera internación, grave además, también lo anunciaba. “Intoxicación masiva de alcohol, heroína cocaína y crack”, dice el parte. El médico que la atiende confiesa: “Es extraño que no esté en coma con esas cantidades y esa mezcla en un cuerpo tan pequeñito”.

Los avisos continuaron. Nadie los vio o nadie los quiso ver. Impiadosa, la tele arma su show. Las cargadas, incomprensión y estigmatización se instalan a diario. Conductores importantes, como Jay Leno o Graham Norton se hacen la panzada. Hienas de la información, dan vergüenza ajena. Mientras, un ser humano se derrumba. Un show en Belgrado, al que Amy no quería ir de ningún modo, es el último peldaño en la caída. Apenas si se podía mantener en pie sobre el escenario, pero había que “cumplir” el contrato. Era su gran regreso, por el contrario, fue el comienzo del final. Poca alimentación y mucho alcohol pararon su corazón y cerraron el telón.

Amy generó polémicas varias y conflictos judiciales con aquellos que se sintieron enchastrados en el chiquero de la responsabilidad y la culpa. El padre, entre ellos. También contó con innumerables premios y visualizaciones. Se comprende: la repercusión mediática y las aristas explosivas de la cantante atraen como el banquete al hambriento. Ninguno de estos aspectos, aunque inevitables,  hacen al corazón del film. Amy, por el contrario, es contundente porque desnuda a un ecosistema incapaz de detener su voracidad frente a la evidencia. Una fauna capaz de devorarse y sin inmutarse, a su propia gallina de los huevos de oro. La película permite vislumbrar a una artista en su versión más pura y primigenia. Y a una víctima de su vulnerabilidad, pero también de un ambiente incapaz de comprenderla y cobijarla. Ambiente que se fagocita a todo aquel que no esté preparado para seguir sus reglas. Cueste lo que cueste.

 

Para ver el documental subtitulado clickeá acá

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Asif Kapadia

Guión: Asif Kapadia

Música: Antonio Pinto

Reparto: Mitch Winehouse; Blake Fielder-Civil; Salaam Remi; Mos Def; Tony Bennett; Nick Shymanksy; Mark Ronson y Janis Winehouse

 

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Luis Vivori

Autor/a: Luis Vivori

Periodista. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Ex Profesor Carrera de Imagen y Sonido, UBA.

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