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Martes 17 de Octubre de 2017

El Caníbal Que Caminaba Libre

12.09.2017

Por Luis Vivori

 

El canibalismo, una práctica ancestral ejercida por tribus perdidas en el tiempo y borrada del mapa de la modernidad, podría generar uno de esos relatos que no nos animamos a enfrentar. Sin embargo y aunque usted no lo crea, en París y en pleno siglo XX, los fantasmas tribales se hicieron presente. Y con la Sorbona como escenario. Eso, el canibalismo, las insólitas respuestas de la justicia y las posteriores repercusiones frente al surrealista episodio, es lo que cuenta el documental británico de 2007, "El Caníbal que Caminaba Libre".

 

Resulta una tarea fundamental de los documentales ofrecernos un recorte de la realidad desde un enfoque desconocido. Así, descubrimos parte de la vida de la que somos parte y de la que no, desde otra perspectiva. También es función esencial de este tipo de piezas audiovisuales, descubrir aquellas situaciones o casos originales que la mass media mantiene sumergidos en las sombras. Son esas historias que una vez reveladas, en principio negamos; tal vez por inverosímiles, bizarras o escalofriantes.

Con ritmo y estética de film Noir (policial negro), El Canibal que Caminaba Libre nos presenta a su protagonista: Issei Sagawa. Con una voz en off, inquietante, el locutor nos guía por un hecho que tuvo uno de sus capítulos por las calles de París, en junio de 1981. En una reconstrucción de estas escenas, vemos a un hombre bajo, de rasgos orientales tomar un taxi. Lleva dos valijas. La noche parisina anuncia consecuencias imprevisibles. ¿Qué lleva en las maletas? El hombre desciende del vehículo y va en busca de un parque cercano. “Entiende que es el mejor lugar para esconder la evidencia” nos cuenta el locutor. Un viejo lo ve y grita cuando en la oscuridad descubre sangre manando de una de las valijas. El oriental escapa a las corridas dejando su evidencia en el parque. De inmediato vemos fotos de las maletas, material de archivo de la época y luego presenciamos el testimonio del policía que arribó al lugar: “Lo que descubrimos fue horrible. Pedazos de un cuerpo humano diseminados en ambas valijas. Fue una pesadilla”, relata. Hecha la autopsia, sólo se puede deducir que era el cuerpo de una mujer joven. Su estado de mutilación impedía el reconocimiento. Los investigadores descubren que la joven había tenido relaciones sexuales post mortem. “Necrofilia y pérdida de partes del cuerpo”, explican.

Con los datos recabados, arranca la búsqueda por todo París. La pesquisa encuentra en el testimonio del viejo que vio a Sagawa en la plaza, un dato esencial que ilumina la investigación. Todos los testimonios de investigadores, periodistas y testigos, tomados con la cámara desde abajo (plano contrapicado), con poca luz y muchas sombras, aportan espesura a los que ya asoma escabroso. Inmediatamente dan con el oriental, a la postre japonés, estudiante de 32 años de la Sorbona, que confiesa el crimen apenas es arrestado. Sorprenden sus características físicas y su personalidad. ¿Puede este pequeño hombre de porte inofensivo ser lo que parece ser? Cuando los policías irrumpen en su departamento, las dudas se disipan. Apenas entran se topan con el horror. Platos con carne humana sobre la mesa. Una heladera como reservorio de las partes faltantes de la joven, esperando ser devoradas luego. Sagawa, en tiempo real, explica: “No quise asesinarla, pero la única manera de descubrir cómo era la carne de una mujer era matándola…”

 

A los 58 años, Issei Sagawa camina libremente por las calles de Japón. Sus días de estudiante en la Sorbona terminaron hace años. Su estadía en París, luego de protagonizar un juicio declarado nulo por insania, también. El dinero e influencias políticas de su familia lo libraron de la cárcel en Francia, que lo deportó a su país de origen. Familia de la que conocemos, gracias a imágenes en súper ocho, sus extraños juegos, represiones sexuales y delirios místicos. Convertido casi en una celebridad, Issei divide sus días entre las conferencias en las que explica cómo es eso de probar carne de una mujer alta y rubia y protagonizar pequeños fragmentos en películas porno. En un mundo canibalizado por la sociedad de consumo, impermeable al dolor ajeno y al sinsentido, nada mejor que tener a un caníbal suelto como representante de su propia insania. The show must go on.

 

Para ver el documental subtitulado clickeá acá

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Toby Dye
Protagonizada por: Issei Sagawa

 

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Luis Vivori

Autor/a: Luis Vivori

Periodista. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Ex Profesor Carrera de Imagen y Sonido, UBA.

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