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Martes 17 de Octubre de 2017

El Puente

10.08.2017

Por Luis Vivori

 

Nunca ha sido una discusión menor en el mundo audiovisual determinar cuáles son los límites entre lo que se debe mostrar y lo que no. O entre qué temas se pueden abordar o sobre su tratamiento. A Eric Steel, documentalista mitad británico, mitad estadounidense, no le importan estos condicionamientos. Inmersos en este debate, su obra, El Puente (The Bridge), no hace honor al sentido metafórico de su título. El realizador no construye puentes, por el contrario, los dinamita. Colocando su cámara frente al afamado puente Golden Gate de San Francisco durante todo 2004, Steel registró buena parte de los intentos suicidas acaecidos.  Una vez ocurridos, visitó a los familiares de las víctimas con la intención de reflexionar sobre las decisiones límite tomadas por sus seres queridos. La búsqueda filosófica de los porqués, del sentido de la vida y la muerte y de la libertad de ejercer la soberanía sobre nuestras vidas, hacen de El Puente un documental tan único, como desgarrador.

 

Con imágenes apacibles, chicos paseando y turistas sacando fotos, así se presenta El Puente. Dura poco el esquema poster. En segundos, un hombre, con mirada perdida en el horizonte, se arroja al vacío. Todo ocurre en el Golden Gate, mítico puente de San Francisco, EEUU, de 2737 metros de extensión y 227 metros de altura. Abajo, en el río, personas que hacen kite surf intentan rescatar al suicida. Uno de ellos cuenta parte del episodio: “No entendíamos lo que sucedía, cayó al lado nuestro. Cuando le pregunté a un guardia del puente si era común que la gente se tirara, me dijo que esto sucedía todo el tiempo”. Luego aparecen más testimonios. Son familiares de aquellos que usaron la altura del puente para terminar con sus vidas. No hay voz en off, ni información adicional más allá de esas voces. Voces que intentan interpretar las motivaciones del pariente o amigo que ya no está. Lisa, Gene, Philip, historias que se multiplican. En algunos casos suicidas, motivados por problemas psiquiátricos; en otros, por un gran dolor, una depresión crónica o una adicción.   

Cómo en Vértigo, el virtuoso film de Hitchcock, el “abajo” luce como tentación diabólica. O como modelo liberador. Es el caso de Philip, un reincidente en estas lides, que logró su cometido luego de dos intentos frustrados y que ya había adelantado: “en la tercera no fallo”. Era su vuelo hacia la libertad. El trampolín para escapar de los traumas que lo tenían como rehén. O el de Lisa, presa de una enfermedad psiquiátrica, aumentada por el dolor del padre que ya no está. A todos ellos, el Golden Gate les ofrece buenos resultados. La altura extrema o la hipotermia producida por la temperatura del agua son la garantía. Tal vez también ayude la fama y la permanente concurrencia. Como si la voluntad suicida necesitara de testigos o de cierta trascendencia.  Algunos, de todos modos, no terminan la obra. Como Kevin, que milagrosamente y luego de ser rescatado de urgencia, consigue salvar su vida, aunque no fuera ese su objetivo inicial. “Lo difícil no es llegar al puente o subir por la baranda. Lo difícil es saltar”, confiesa. Del material surgen reflexiones de todo tipo. Si es o no un pecado quitarse la vida. Si se puede bucear en la mente humana y encontrar sus razones. De todas ellas, destaca la de una amiga: “Solo tengo preguntas. No sé por qué las personas se suicidan. Todos pasamos por momentos de desesperación, pero al otro día sale el sol. Para algunas personas, el sol nunca vuelve a salir”.

 

El Puente nos muestra sentimientos de culpa, de los que piensan que tal vez “no hice lo suficiente por ayudarlo” o pensamientos deterministas frente a lo inevitable: “igual lo iba a terminar haciendo, era un adulto y contra eso nada se puede hacer. Era su decisión”. A veces, en aquellas historias o imágenes a las que no nos queremos enfrentar, que nos abruman, puede aparecer una luz que ilumine nuestras propias penumbras. Tal vez el salto elegido por estas almas desdichadas sirva, en contraposición, como un elixir frente a nuestras quejas eternas. Una revalorización de los claros de la vida y una relativización de los oscuros. En cualquier caso, que nadie se sienta en condiciones de juzgar a aquellos que, por la razón que fuere, decidan correr el telón de su existencia en forma definitiva.

 

 

Para ver el documental subtitulado clickeá acá

 

FICHA TÉCNICA

Dirección: Eric Steel
Producción: Eric Steel
Música: Alex Heffes
Fotografía: Peter McCandless
Montaje: Sabine Krayenbühl

 

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Luis Vivori

Autor/a: Luis Vivori

Periodista. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Ex Profesor Carrera de Imagen y Sonido, UBA.

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